Antes que nada quiero disculparme por estar ausente tanto tiempo, sucedió porque la universidad me consume mucho tiempo y esfuerzo y entiendo que los seguidores se hayan ido y lo respeto, sin embargo he vuelto!! y tengo muchas cosas que quiero publicar en el blog, empezaré con esta serie de cuentos de mi autoria que así como el titulo dice no tendrán racionalidad alguna, así que los dejo con ella.
PD siéntanse libre de corregirme cualquier error otografíco y gramatical, estoy mejorando en ello.
Siete sucesos ilógicos.
suceso 1: El precio de una mirada.
¿Alguna
vez te has preguntado cómo concibe un ciego el mundo?; yo aún me lo pregunto. A
pesar de mi ceguera de nacimiento he llevado hasta el día de hoy una vida que
considero normal, claro con “un poco de dificultades” como siempre dice mi
madre, pero los días siempre transcurrian con una impasible calma.
Recuerdo
claramente que a la edad de 9 años el doctor que atendía mi caso le sugirió a
mis padres que debería tener un perro guía para facilitar mi interacción con el
mundo exterior, puesto que hasta entonces mis conocimientos en cuanto a espacio
se limitaban a cada rincón de mi casa, una semana después Max llegó a mi vida.
papá me
relataba con detalles la apariencia que tenía mi nuevo amigo diciéndome cosas
como que era blanco con manchas negras, tal vez pensó que podría imaginarme los
colores aunque les desconocía, pero
hasta entonces el negro solo podía asociarle con mi condición de invidente,
pues mamá desde temprana edad me repetía muy a menudo que yo era igual que
todos, solo que mis ojos nada más podían
ver la oscuridad o en otras palabras el color negro; siempre me pregunté cómo
era que mi madre sabía aquello.
Max
era un perro dálmata, papá guiaba mis manos para que pudiera tocarle, su
piel era suave al tacto así que no me
desagradó, también algo peluda como los tapetes en la casa y su nariz era
helada como los cubitos que usaba mamá para enfriar las bebidas, era algo
totalmente nuevo para mí, el fue mi primer amigo.
Pocas cosas a lo largo de mi existencia han sido tan
gratificantes, la presencia de Max fue una de ellas, con el tiempo podía salir
a la calle, sentía la brisa del viento,
el calor del verano, conocí el olor de las flores e infinidad de
sensaciones que llenaban de excitación mis días y los anhelos de poder
descubrir una nueva al día siguiente.
Aquella vez papá nos llevó a dar un paseo más extenso, el
ruido de las autos era más grande parecía que habían muchos más de los que
estaba acostumbrado, estábamos cerca a las carreteras, había más obstáculos en
las calles y max me indicaba el camino que debía tomar para no tropezar con
ninguno.
De repente max comenzó a correr muy rápido era como si me
indicara el camino, no lo solté y tras de mí escuche a mi padre gritando mi nombre
mientras el sonido se perdía en la distancia, empecé a sentir miedo pero no
detuve a max, seguí con él; tenia curiosidad de saber a dónde me llevaba asi
que corrimos por bastante tiempo mezclándonos entre olores y ruidos mientras
iban desapareciendo uno tras otro.
Después un tiempo el perro aminoró su paso y empecé a
sentir que las calles se hacían más estrechas, hasta ahora no había tropezado
con nada, a medida que seguíamos el paso, los olores y ruidos iban
desapareciendo hasta el punto de no sentir nada, ni siquiera mis zapatos
emitían sonido alguno al tocar el suelo, me angustiaba la sensación de
estreches del lugar donde estábamos, la mano con la que sostenía la correa de
max se había dormido debido a lo fuerte que la sostuve por todo el rato,
seguimos caminando, de repente una fuerte presión invadió mi cuerpo como si
tratara de pasar a través de algo, sentí que una fricción me quemaba la piel
pero no podía detenerme.
Ninguno de mis sentidos parecía funcionar, mi tacto no
sentía nada, no percibía olor alguno ni sonido alguno, ni siquiera la sensación
de objetos cerca a mí, ni a max no podía saber dónde estaba el perro que me
había traído aquí, de alguna forma mis ojos comenzaron a arder, al frotarlos note
algo extraño, la imagen de mi mano se dibujaba en ellos, estaba viendo mi
cuerpo.
Me asusté, enfoqué la mirada en frente de mí abriendo mis parpados lo más que pude,
pero no lograba observar nada más, ese lugar estaba vacío, no había nada que
pudiera ser tocado.
Mis ojos seguían ardiendo como si se quemaran, bajo mis
zapatos tampoco había nada que pudiese ser un objeto, de repente mis ojos se
posaron sobre algo que venía sobre mí, una especie de resplandor se acercaba
con una gran velocidad, tropecé con mis propios pies y caí, mi cuerpo no
respondía así que no podía moverme, mi piel no sentía nada, mis odios no
escuchaban, todos mis sentidos habían sido remplazados por la nueva capacidad
de ver.
La extraña forma se detuvo justo en frente de mi era de
un gran tamaño se abalanzó sobre mí entrando a mi cuerpo, quise gritar pero mi
boca no se movió, finalmente despareció dentro de mí, mi respiración se detuvo
por unos instantes y el lugar cambió totalmente.
Frente a mi observé a un hombre al cual no podía escucharle,
tenia lagrimas en sus ojos, mi mirada siguió recorriendo el lugar lleno de
muchas cosas y personas, intenté buscar a max pero al tratar de buscar la mano
que debía estar sosteniendo la correa, me encontré un brazo incompleto del cual
se derramaba un liquido que no conocía, que jamás había visto…
mi sangre.


















